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Clasificar desde adentro: la rebelión epistemológica de los archivos bolivianos frente a los sistemas de catalogación heredados

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Clasificar desde adentro: la rebelión epistemológica de los archivos bolivianos frente a los sistemas de catalogación heredados

Cuando un documento quechua del siglo XIX ingresa a un repositorio que utiliza la Clasificación Decimal de Dewey o los encabezamientos de materia de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, algo se pierde antes de que cualquier lector pueda acceder a él. Ese algo no es menor: es la lógica interna que sostiene el texto, la red de relaciones conceptuales que lo vincula con otros saberes, la categoría propia desde la cual fue producido. Clasificar, en este sentido, no es un acto neutro. Es un acto político.

Esta constatación, que durante décadas permaneció confinada a debates especializados en bibliotecología crítica, ha comenzado a ganar terreno en el ámbito académico boliviano. Instituciones universitarias, archivos regionales y colectivos de documentación independiente están desarrollando propuestas concretas para reorganizar sus fondos documentales desde criterios que no reproduzcan acríticamente los esquemas heredados de tradiciones archivísticas forjadas en contextos culturales radicalmente distintos al andino.

El problema de fondo: cuando la herramienta clasifica al clasificador

Los grandes sistemas de catalogación bibliográfica surgieron en el siglo XIX en Europa y Estados Unidos, en un momento en que la producción de conocimiento se concebía como un proceso universal, acumulativo y jerárquico. Bajo esa lógica, el saber occidental ocupaba el vértice de la pirámide, mientras que los conocimientos producidos en otras latitudes eran relegados a subcategorías residuales, cuando no directamente ignorados.

La Clasificación Decimal Universal, por ejemplo, reserva secciones enteras para la filosofía, la teología y las ciencias sociales tal como fueron concebidas en la tradición europea, mientras que los sistemas de pensamiento andino aparecen dispersos entre categorías como "folklore", "etnografía" o "religiones primitivas". Esta distribución no es inocente: refleja una jerarquía epistémica que subordina lo boliviano a lo universal entendido como occidental.

Los especialistas en información de la región llevan tiempo señalando que esta situación genera consecuencias concretas y medibles: documentos mal catalogados que no aparecen en búsquedas relevantes, colecciones enteras que permanecen inaccesibles porque ninguna categoría disponible les corresponde con precisión, y una imagen distorsionada del patrimonio intelectual nacional que se reproduce cada vez que alguien consulta una base de datos.

Iniciativas que construyen caminos alternativos

Frente a este diagnóstico, varias instituciones bolivianas han optado por la acción antes que por la denuncia. Una de las experiencias más significativas es la desarrollada por archivos universitarios del eje troncal que han comenzado a construir tesauros propios, es decir, vocabularios controlados que incorporan términos en lenguas originarias, conceptos filosóficos andinos y categorías epistemológicas que no tienen equivalente directo en ningún sistema de clasificación occidental.

Este proceso no es sencillo. Requiere un diálogo sostenido entre bibliotecólogos, lingüistas, filósofos y, fundamentalmente, con comunidades portadoras de los saberes que se pretende catalogar. Implica también aceptar que ciertos conceptos no son traducibles sin pérdida, y que esa intraducibilidad no es un defecto del sistema sino una característica del conocimiento que debe ser preservada, no resuelta.

Otras iniciativas han optado por desarrollar sistemas de clasificación paralelos: mantienen la catalogación en formatos internacionales para garantizar la interoperabilidad con repositorios globales, pero añaden una capa de descripción complementaria que utiliza categorías propias. Esta solución pragmática permite que los documentos sean encontrados tanto por investigadores bolivianos que manejan los marcos conceptuales locales como por académicos extranjeros que utilizan herramientas de búsqueda convencionales.

El rol de la digitalización en la disputa epistémica

La transición hacia repositorios digitales ha abierto posibilidades que los archivos físicos no ofrecían. Las plataformas digitales permiten asignar múltiples categorías a un mismo documento, incorporar metadatos en distintos idiomas, establecer relaciones semánticas entre textos que en un catálogo convencional aparecerían separados por continentes conceptuales.

Algunas instituciones bolivianas están aprovechando estas capacidades para construir arquitecturas de información que reflejen las redes reales de producción y circulación del conocimiento en el país. En lugar de organizar los fondos por disciplinas académicas importadas, proponen organizarlos por comunidades de práctica, por territorios, por problemáticas históricas específicas o por linajes intelectuales que atraviesan varias generaciones de pensadores.

Esta reconfiguración tiene implicaciones que van más allá de lo técnico. Cuando un archivo decide que determinado texto de un intelectual aymara del siglo XX no pertenece a la sección de "literatura oral" sino a la de "filosofía política", está tomando una decisión que afecta la manera en que ese texto será leído, citado y valorado. Está interviniendo en la jerarquía del saber.

Tensiones y desafíos de la autonomía archivística

El camino no está exento de dificultades. Una de las tensiones más frecuentes es la que se produce entre la aspiración a la autonomía epistemológica y la necesidad de integrarse a redes internacionales de información académica. Los metadatos en formatos propietarios o los vocabularios controlados sin equivalente en sistemas globales pueden convertirse en barreras de visibilidad para investigadores que buscan fuentes bolivianas desde el exterior.

Existe también el riesgo de una folklorización invertida: construir categorías alternativas que terminen siendo tan rígidas y excluyentes como las que pretenden reemplazar. La crítica a los sistemas de clasificación occidentales no puede derivar en un esencialismo que congele la diversidad del pensamiento boliviano en categorías igualmente artificiales.

Finalmente, está el problema de los recursos. Desarrollar sistemas de catalogación propios requiere tiempo, formación especializada y financiamiento sostenido. Muchas instituciones que han iniciado este camino lo han hecho con recursos escasos y en condiciones institucionales precarias, lo que pone en riesgo la continuidad de los proyectos.

Una disputa que apenas comienza

A pesar de los obstáculos, lo que está ocurriendo en los archivos bolivianos forma parte de una transformación más amplia en la manera en que el país se relaciona con su propio patrimonio intelectual. La pregunta por cómo clasificar el conocimiento no es una cuestión técnica menor: es una pregunta sobre quién tiene autoridad para definir qué es saber, qué cuenta como pensamiento legítimo y qué merece ser preservado para las generaciones futuras.

Desde la Biblioteca Virtual Carlos D. Mesa, entendemos que esta disputa es inseparable de la tarea de preservar y difundir el pensamiento académico boliviano. Archivar no es solo guardar: es también decidir desde qué marcos conceptuales se ordena la memoria. Y esa decisión, en Bolivia, está siendo tomada cada vez más desde adentro.

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